Germán E. Bermúdez.
Cuando nos referimos al ocio tenemos que citar el "tiempo libre". Es frecuente que al citar el "tiempo" casi siempre lo hacemos como una cifra o como uso horario, casi nunca como motivo de reflexión antropológica, lo que lleva a que la relación que entablamos con el tiempo sea una relación circunstancial con la particularidad de considerarlo solamente como registro y medida. Por esta razón, es necesario que nos detengamos un momento a profundizar sobre algunos de los aspectos de su naturaleza y su incidencia en la existencia humana.
Lo que se conoce como "tiempo humano" tiene dos usos reconocidos históricamente por todas las culturas: el tiempo de trabajo y el tiempo de no trabajo. La economía y todas las ciencias sociales argumentan la importancia del trabajo como el factor primordial y determinante de la humanización, de la formación de la cultura y el desarrollo de los pueblos. A su vez la sociología del ocio argumenta a favor del derecho y la necesidad de tener tiempo libre o tiempo de no trabajo y la manera de utilizarlo en beneficio del desarrollo humano y como satisfactor de necesidades sociales. La educación para el ocio sostiene que el sujeto educado para enfrentar el tiempo libre, debe ser capaz de autogestionar su ocio. La pedagogía social en la que se encuentra comprendida la pedagogía del ocio, aborda los aspectos paradigmáticos nuevos para el mejoramiento humano a escala individual y social; en este caso consideramos nuevo el fenómeno del ocio, como aspecto educable.
La sociedad por intermedio de la escuela y la pedagogía ha sido proclive a sacrificar la vida de las generaciones presentes para construir un futuro mejor para las nuevas generaciones, estos ideales son muy loables pero deben tener sus limites, para bien de la realización personal. El ser individual que conforma una sociedad presente tiene el derecho al disfrute pleno de la vida sin sacrificarla en aras de una utilidad común, o de preservar la cultura, y otros argumentos más, beneficios de los que nunca disfrutará. Para cada generación, el esfuerzo y colaboración conjunta de todos los integrantes de la sociedad con el mejoramiento de la calidad de vida y la supervivencia de la totalidad de sus miembros es suficiente en la medida que su crecimiento no deprima el florecimiento de la condición humana, la que necesita un tiempo para dejar florecer el “principio de placer”, en el que se encuentra el carácter ludens complementando al faber.
El “principio de realidad” contiene el mundo de las necesidades que se satisfacen con el trabajo que no solamente busca beneficios personales sino sociales y culturales. Todo lo construido económica, social y culturalmente por una generación se deja como legado a la descendencia, por lo tanto no hay que aceptar esclavizarse y aniquilarse en el trabajo en aras de la productividad por la productividad en sí misma, como lo promueven las ideologías autoritarias entre otros medios, a través de la educación encaminada preferencialmente a sobrevalorar las competencias laborales, subvalorando el aprender a "ser". El equilibrio está en alternar el trabajo con "el placer de los actos gratuitos e inútiles del flujo lúdico", para poder sostenerse como ser humano sin perecer en el intento.
La educación como una de las instituciones encargadas de la transmisión de la cultura, de la enseñabilidad de saberes y de la educabilidad de los seres humanos ha respondido siempre a las políticas educativas que preparan fundamentalmente para el trabajo, replicando, como lo ha hecho históricamente la sociedad, el ocultamiento y evasión del ocio, sin reconocerlo como una necesidad social contemporánea complementaria del trabajo y como parte del proceso de perfeccionamiento integral de la persona. Esta falencia puede ser una de las causas de la problemática social y de la salud pública de la sociedad moderna.
El discurso educativo no se refiere al ocio sino al "tiempo libre", posiblemente por temor a la connotación político-religiosa que ha tenido históricamente el término. En el mundo del trabajo y la ideología productivista encaminada al consumo, como indicativo de calidad de vida, el juego puede ser lo más congruente, la oportunidad, la ilusión y la conexión con el sentido gratificante de la vida. Productividad sin gozo es la cárcel insufrible de la trivialidad y la inmovilidad de la vida cotidiana, de la que en algún momento intentaremos evadirnos ya sea a través del juego, que sería el ideal, o por medio de la locura, la depresión, el alcoholismo, la drogadicción, del cáncer o del infarto.
La intención discursiva de este ensayo es llamar la atención acerca de la necesidad de dejar fluir en los niños y los jóvenes la habilidad de ser los propios gestores de su ocio, permitiendo el desarrollo normal de la dimensión lúdica, facilitando la creatividad desprovista de toda preocupación funcional; no la creatividad promovida por la pedagogía, que es funcional y utilitaria, la que no produce placer sino angustia. Dejar fluir el juego como la expresión de lo lúdico, no desarrollar la dimensión lúdica, como diría el discurso pedagógico. Desarrollo en pedagogía implica la existencia de un proceso impuesto y determinado hacia un ideal de existencia que debe adoptar el educando, como una imposición social. Educación para el ocio pensada como el "dejar fluir" el juego y los actos gratuitos e inútiles que sostienen la vida y no como intervención homogenizadora o en el peor de los casos obstaculizadora del desarrollo natural de la dimensión lúdica.
En este planteamiento teórico abordaremos el tema en el siguiente orden: primero nos referiremos a la educación como la educación formal, esto es la escolarizada de carácter público ofrecida por el sector oficial y privado. También indagaremos sobre el concepto de ocio, juego y lúdica, sobre la problemática del uso del tiempo libre como un problema socio-educativo desde la historia, la sociología y la pedagogía. Sobre las características personales y actitudinales que deben tener las personas facilitadoras del fluir del ocio, nos centraremos en las personas porque son ellas el terreno sobre el que se pueden producir cambios, porque las instituciones son intangibles que sólo existen en la medida en que sus actores las hagan reales. Indagaremos sobre los aspectos educativos socioculturales requeridos para que las nuevas generaciones y las actuales, puedan usar el tiempo libre disponible de manera favorable y por último plantearemos unas deducciones acerca de la indagación sobre el tema del ocio y su relación con el tiempo libre como objetivo educativo.
FOBIAS DE LA ESCUELA AL JUEGO Y LA LUDICA. (Problema)
¿El sistema escolar y el aparato educativo educa a los niños y jóvenes para usar adecuadamente el tiempo libre? Para responder a este interrogante son necesarias algunas reflexiones sobre las percepciones empíricas de la realidad y los problemas objetivos relacionados con este aspecto visto como una de las demandas sociales contemporáneas y como constitutivo del proceso de perfeccionamiento integral de la personalidad. La respuesta, desde una percepción empírica de la realidad es "no". ¿Por qué razón?
Según el profesor Rafael Avila en su obra ¿Qué es pedagogía?, “La educación es una “practica social” que orienta y determina metas a la pedagogía; y que es función de la pedagogía construir un proyecto para fijar metas a estas prácticas educativas”. Entonces siendo el uso del tiempo libre o tiempo de no trabajo, requerimiento auténtico y realmente significativo de una comunidad, la educación debe responder fijando metas para la formación humana en adecuadas prácticas del ocio. Desde esta realidad la escuela y aún la sociedad frecuentemente lo que hacen es obstaculizar la evolución y el surgimiento espontáneo del juego y de las distintas formas de configuración del ocio, llevando al estudiante de manera indirecta a la práctica y formas de uso del tiempo libre no muy convenientes o muy riesgosas, para el desarrollo personal, tomadas del medio social que las ha adoptado tradicionalmente y promovidas por la publicidad como sucede con la fascinación de los jóvenes y adultos por el consumo de alcohol de manera consuetudinaria como forma de diversión, socialmente bien vista.
La escuela y la misma sociedad obstaculizan el surgimiento espontáneo del juego y la configuración del ocio porque lo tiene estigmatizado y difamado, lo consideran una actividad negativa e inconveniente, posición justificada en fundamentalismos pedagógicos del orden, de los resultados y la productividad moral y económica; ignorando aún en estos tiempos de la modernidad en que las ciencias sociales reconocen que el juego prepara al niño para la vida de manera más eficaz que la pedagogía, porque el juego es la imaginación, la incertidumbre y la creatividad, lo que se parece más a la realidad de la vida; y no el determinismo, la homogenización y el orden entendido como obediencia y sumisión. En algunos casos cuando la escuela no puede contra el juego toma su estructura operativa, no su esencia, y lo desvirtúa convirtiéndolo en una estrategia didáctica, con la idea ingenua de hacerle creer a los niños que están jugando, mientras pretende enseñar. Lo más conveniente es hacer de la escuela en su totalidad un ambiente lúdico donde aprender sea resultado de jugar a la imaginación, la creatividad y la incertidumbre de lo desconocido en medio de la alegría, y no de una simulación de juego para enseñar contenidos previamente elaborados y terminados.
Para la sociedad actual se torna en una problemática social el tiempo libre de los jóvenes, y aún de los adultos, cuando no disponen de actividades que les permitan darle sentido a su vida durante él. Es una queja generalizada de los padres y madres, de los maestros y de las comunidades especialmente las urbanas, el uso inadecuado en términos personales, sociales y culturales, que dan los niños y los jóvenes a este tiempo.
Ante esta problemática las autoridades y organizaciones no gubernamentales diseñan, e implementan programas asistencialistas y coyunturales que no satisfacen plenamente y a largo plazo el problema porque no se ha educado a los niños y jóvenes, o se ha hecho inadecuadamente, para el "ocio"; lo hacen proponiendo escasas actividades instrumentales para "el tiempo libre", lo que hace que por su naturaleza instrumental no sean capaces de darle sentido a la vida en estos lapsos, y menos aún contribuir con el mejoramiento de la personalidad, siendo por lo tanto, en mi parecer, una deuda social y cultural de la educación con los individuos y con las comunidades.
Las políticas educativas, el aparato educativo, y los agentes educativos lo han descuidado y han subvalorado el ocio como aspecto educable, por los factores ya enunciados y además porque en las políticas educativas aunque se hable de “desarrollo integral humano” no se considera la dimensión lúdica como constitutiva importante del ser humano. El aparato educativo por ser burocrático, procedimental e instrumental en el desarrollo de sus funciones, evaluador de resultados y de insumos programáticos y no satisfactor de necesidades, lo ignora totalmente, y los agentes de la educación, esto es los profesores y los padres de estudiantes, muchos de ellos desconocedores de este aspecto como constitutivo de la condición humana y con mayor razón de que es educable, o con prejuicios que estigmatizan el juego y el ocio como inconveniente y por lo tanto lo combaten y buscan desterrarlo. Como evidencia y prueba de la existencia de esta fobia, hay que estudiar los manuales de convivencia, para comprobar cuantas normas y reglas están dedicadas a combatirlo.
La reflexión presentada en esté discurso, está enfocada hacia un llamado de atención para que la educación formal asuma la educación para el tiempo libre, como compromiso personal de los adultos que conforman la comunidad educativa. Compromiso personal, no como "política educativa". Educar para el uso adecuado del tiempo libre, pero convirtiéndolo en ocio porque es demanda natural del ser, y social de las comunidades, cuya finalidad es satisfacer la necesidad humana del "desarrollo integral". ¿Por qué no como política educativa?. Porque en este sentido está discursivamente propuesta en la legislación, lo que no garantiza su cumplimiento por no tener el peso cultural que tienen los demás aspectos educables del ser humano, por pesar sobre él los estigmas políticos y religiosos de ser improductivo y pecaminoso. Y porque las políticas terminan asumiéndose como compromiso laboral burocrático, carentes de sentimiento, emoción y convicción personal del educador. La propuesta está encaminada a asumirlo como un valor agregado a las responsabilidades profesionales de los educadores, como una relación personal de compromiso con el mejoramiento del ser humano.
PROPOSICIONES Y DISERTACIONES ACERCA DEL TEMA (Tesis)
Enseñarle a los niños, los jóvenes y aún a los adultos a darle sentido a sus vidas en el tiempo libre, o tiempo no ocupado, eligiendo voluntariamente ocupaciones, sea para descansar, para divertirse o para desarrollar su formación; en otras palabras, educación para el ocio, es un deber de la educación formal de la sociedad y de la familia, porque tiene que ver con el mejoramiento de la condición humana.
Satisfacer la necesidad de darle sentido a la vida en los lapsos de tiempo que no están dedicados al trabajo, está indicando y poniendo en evidencia la fragilidad de la condición humana cuando no está inmersa en una actividad. En estos momentos es cuando surgen preguntas por la razón del “ser”, el “existir”, las que nos ponen frente a la incoherencia de la existencia individual y social, a enfrentar la propia conciencia como principio de realidad, alguien lo llamó "angustia existencial" a aquel estado personal donde no se encuentra el sentido y el destino de la vida y posiblemente se deba a que los deseos no tienen cabida en el tipo de vida que se lleva. Los deseos pertenecen al principio de placer y existen ideologías que lo combaten, entre ellas las capitalistas de la productividad, por no nombrar otras que pertenecen al ámbito de los credos y lo privado. Existen muchas propuestas para darle sentido a la vida, la dedicación al trabajo, el culto a lo sagrado, el servicio a la comunidad y el del ocio, entre otros. El ocio será en la que nos centraremos sin con ello querer insinuar que las demás no son válidas, o que ésta por si sola puede resolver el problema.
Los factores que justifican la intervención pedagógica para satisfacer el requerimiento social de la educación para el ocio, son los sociales y económicos de nuestra realidad actual, que a su vez desencadenan algunos psicológicos. Este nuevo ámbito de las necesidades humanas y del desarrollo integral se sostiene por medio de argumentos propios de la psicología social, la "sociología del ocio" y los dispositivos propios de la "pedagogía del ocio", la que cuenta con su propio discurso conformado por teorías, técnicas, métodos e instrumentos para la intervención educativa relacionada con el tiempo libre o tiempo de “no trabajo,” enfocado a desarrollar un proyecto personal de vida en tal fin.
Los factores, o determinaciones sociales que justifican la intervención pedagógica sobre el tiempo libre, según autores como J. Puig y R. Trilla en la obra "Pedagogía del ocio"; son las transformaciones del hábitat humano y los cambios en la estructura familiar que a su vez afectan al individuo; lo mismo que los avances tecnológicos que optimizan la productividad sin necesidad de la fuerza laboral humana, los que han contribuido a crear otra condición social problemática: la del subempleo y el desempleo.
La transformación del hábitat familiar se refiere a la urbanización de la vida y la imposibilidad para desarrollar una función lúdica, o juego espontáneo, especialmente el juego colectivo, en los espacios urbanos de las ciudades, porque las calles no son espacios de juego y los parques y plazas son instalaciones que por sí solas no son necesariamente satisfactoras de estas necesidades. Los dispositivos urbanos para la contemplación son prácticamente inexistentes; los de divertimento y disfrute audiovisual como salas de cine, los de contemplación estética como los museos, los conciertos, los dedicados al intelecto como las bibliotecas y otros más no siempre son de fácil acceso, o no son lo suficientemente atrayentes porque la misma escuela y la sociedad no enamoran a los estudiantes de estos espacios culturales. Las ciudades entonces privilegian el juego de espectáculo, extremadamente pasivo, como la televisión, videojuegos el internet, entre otros. Las viviendas tampoco son espacios para el desarrollo del juego y la diversión o si lo son están muy restringidos y privilegian el juego individual, que por si solo no es capaz de garantizar la sostenibilidad psicológica de la inestable condición humana, que además esta enajenada por la sociedad moderna del materialismo y del consumo surgiendo la angustia y el pesimismo ante la necesidad de ser “en sí mismo”, o, “ser-en-el-mudo, o es simplemente existir, como respuesta a una inauténtica e impropia forma de vida.
La familia es una institución de unidad económica, afectiva, social y se constituye en una comunidad de ocio sostienen Puig y Trilla, porque es el marco en el cual y partir del cual se realiza conjuntamente un buen número de actividades de tiempo libre, lo que determina desde la infancia las actividades que adopte el sujeto para el ocio cuando sea adulto. Los cambios en la infraestructura familiar están referidos a que los padres, especialmente con el ingreso de la mujer al mundo laboral, dedican mayor tiempo al trabajo por demandas sociales, culturales y económicas, factor que ha desdibujado la familia como comunidad de ocio; por lo tanto los niños deben permanecer mayor tiempo solos o sin con quien interactuar socialmente especialmente para la práctica del juego.
La familia y la escuela son las instituciones fundamentales de custodia y educación de los niños. El hogar y la ciudad son los espacios disponibles cotidianamente para el disfrute de este tiempo. Pero el tiempo de la escuela equivale al tiempo laboral y por lo tanto no es tiempo libre sino dedicado a las actividades escolares. Resolver esta sin salida, se presenta con el aprovechamiento de las múltiples interrelaciones personales que ofrecen los aprendizajes básicos de la escuela y la familia para la autogestión del ocio, sin que se interfiera con las actividades académicas. La escuela es una institución, que dentro de los encargos sociales que tiene, esta la transmisión de la cultura, categoría dentro de la que se encuentra el ocio, con los diferentes sentidos y significados y las distintas prácticas para su desarrollo. El tiempo de la escuela tiene que alcanzar para dejar fluir en los estudiantes la dimensión lúdica como forma de comprensión y autoconocimiento de sí mismos, en procura de lograr la educabilidad para el uso del tiempo libre, con diversidad de opciones que le permitan la satisfacción de necesidades sociales, de desarrollo y mejoramiento humano a escala individual y social como ya se ha expresado.
La "pedagogía del ocio" se debe considerar como un aspecto importante de la formación profesional de los educadores de todas las áreas, para que puedan responder plenamente con el cumplimiento del mandato social que tienen por encargo; la educación integral, que comprende las dimensiones cognoscitiva, corporal, ética, estética, comunicativa, social y lúdica, como lo demandan las distintas teorías del desarrollo humano, porque como sostiene Edgar Morin en su obra “Los siete saberes necesarios para la educación del futuro” . “El Siglo XXI deberá abandonar la visión unilateral que define al ser humano por la racionalidad (homo sapiens), la técnica (homo faber), las actividades utilitarias (homo economicus), las necesidades obligatorias (homo prosaicus)”, puesto que el ser humano es complejo y lleva en sí de manera paradójica los caracteres antagónicos racional y delirante, trabajador y lúdico, empírico e imaginador, económico y dilapilador, prosaico y poético.
El currículo y los planes de estudio de todo proyecto educativo, deben contener de manera expresa como fundamento pedagógico, la educación para el ocio e implementarla no como una cátedra sino como formación permanente, como vivencia personal y social. Como toda propuesta pedagógica tiene su estrategia didáctica, esta no se debe caracterizar por ser un suministrador de catálogos de actividades, sino formadora de una actitud creadora de sentidos gustos y libertades, que aparentemente no es útil económicamente pero si un excelente satisfactor de placer y sosiego, que puede aproximar a la felicidad y por lo tanto repercutir positivamente en la economía.
La educación para el tiempo libre, sin referirse abiertamente al ocio, se encuentra contemplada como política educativa en el articulo 52 de la Constitución Política de Colombia con el carácter de derecho, y se reglamenta en la Ley General de Educación, y la Ley del Deporte. La Ley General de Educación plantea claramente el encargo social que deben cumplir los docentes de educación física, como es el "desarrollo de la dimensión corporal y la dimensión lúdica" de los estudiantes y a su vez habla de la educación para el uso adecuado del tiempo libre como uno de los fines de la educación física, lo mismo que la promoción del deporte y la salud.
Las distintas escuelas de la educación física están de acuerdo en que los propósitos de esta área son: el desarrollo de la dimensión corporal y la dimensión lúdica, la enseñanza y promoción de diversas prácticas culturales de la actividad física, -como la práctica del deporte, el uso creativo del tiempo libre, la recreación con la naturaleza-, la actividad física para el mantenimiento corporal, el desarrollo de procesos formativos -como la organización del tiempo y el espacio, la interacción social, la construcción de técnicas de movimiento y el cultivo del cuerpo-, y la experiencia lúdica y recreativa; pero la estructura funcional y operativa de “factoría” que tiene la escuela y las concepciones personales desplegadas por los docentes, llevan a que estos propósitos se desarrollen instrumentalmente. En la práctica los educadores encargados del área de educación física, no logran crear la conciencia y el hábito para que las prácticas sociales enunciadas anteriormente, formen parte fundamental de la vida diaria, ni educar para el ocio, en la mayoría de los estudiantes.
Este llamado de atención sobre el cumplimiento de las funciones de la escuela, no debe entenderse como una demanda más para aumentar los múltiples y delicados deberes sino a que se reflexione sobre la manera como se aborda este encargo social, porque al parecer y viendo los resultados sociales e individuales en calidad de vida de los colombianos no se esta cumpliendo con el objetivo.
EL OCIO TIENE SUS RAZONES Y SINRAZONES . (Argumentación))
Aproximarse a un acuerdo acerca del concepto de ocio es el siguiente paso para resolver el interrogante central de este ensayo. El concepto de "ocio " depende del momento histórico en que se origine y de la ideología dominante. Ideología entendida como la manera de pensar, en la que esté enmarcada una comunidad, en un momento histórico.
Para una aproximación conceptual partamos de las características del "ocio". Ocio no es igual a tiempo libre. El tiempo libre es una condición sin la cual no se puede dar el ocio. Para que el tiempo libre se configure en ocio se requiere además que la persona que dispone de este tiempo decida y gestione libremente actividades que le proporcionen placer y satisfacción de sus necesidades personales de descanso, diversión y para desarrollarse. El desarrollo argumental sobre el concepto de ocio lo centraremos en estos aspectos.
El ocio y el trabajo como hechos sociales y objetos de reflexión no son recientes pero han evolucionado hasta cambiar radicalmente su significado inicial. Esta evolución ha sido determinada por concepciones políticas, éticas, religiosas y económicas. El concepto se originó en Grecia Antigua. Para Aristóteles, uno de los pensadores de esta época, el ocio es un factor de configuración del ideal humano griego.
El origen etimológico en griego significa "pararse, tener reposo y paz". También significa tener tiempo desocupado o tiempo para uno mismo. Para los griegos ocio no es equivalente a no hacer nada, sino un tiempo para la formación no utilitaria de la persona. Para ellos el ocio es una actividad autotelética, porque su finalidad reside en sí misma, sin ninguna otra razón para realizarla sino por el mero hecho de realizarla, este sentido y enfoque será el otro aspecto que se enfatizará en el presente ensayo.
La concepción griega de ocio es lo opuesto al trabajo. Implica liberarse de la necesidad de trabajar para poder disponer de tiempo libre. El ocio de esta manera concebido es entonces una característica del hombre libre. Es un estado de quien no tiene necesidad de trabajar; o mejor de quien ni tan siquiera tiene necesidad de estar ocupado y por consiguiente no tiene que realizar obligatoriamente ninguna actividad, especialmente si esta tiene un fin utilitario; sentido que en la actualidad se puede adoptar solamente por los pensionados o jubilados y que los griegos le dieron porque tenían esclavos que se ocupaban de realizar el trabajo por ellos.
Para los romanos el ocio es un tiempo de descanso para recuperarse y volver al trabajo con fuerzas renovadas. El origen etimológico esta en la palabra latina "otium" entendida como lo opuesto a "negotium", negotium significa ausencia de ocio o sea lo equivalente a trabajo. En esta concepción, el ocio ya no es un fin en sí mismo, sino que es un medio para afrontar el trabajo. Las actividades que realizaban los nobles romanos para hacer ocio eran, la música, la poesía, la filosofía y la contemplación, acciones no utilitarias por si mismas. La música, porque desarrollaba el intelecto aumentaba la cultura lo que a su vez representaba la virtud. La contemplación asumida como mirar sin el deseo de manipular ni de utilizar lo que se contempla, considerado un estado de felicidad. Es el estado de conciencia del tiempo presente porque exige desprendernos del pasado e ignorar el futuro. La poesía como la expresión de la belleza del lenguaje, y la filosofía como el juego intelectivo para buscar respuestas al origen y el sentido de la realidad. Este sentido se lo otorgaba el romano culto. Para la clase popular se hacía por medio de fiestas populares, las que además tenían otros ingredientes políticos y mágico-religiosos.
El cristianismo toma el ideal romano del ocio y adopta la contemplación pero de Dios y no la contemplación como placer y actitud en sí misma, sino encaminada a la salvación. Toma las fiestas como el descanso asociado a conmemoraciones religiosas. En nuestro país la distribución del tiempo libre y el tiempo laboral en el calendario anual esta enmarcada por esta concepción, por haber sido un estado confesional.
En el Renacimiento la concepción griega del ocio desapareció. Los nuevos valores éticos y religiosos de la sociedad renacentista convierten al trabajo en la forma de someter a la naturaleza para sacar provecho económico de ella; el trabajo se convierte en una virtud suprema, y el ocio como un indeseable y condenable vicio. Esta concepción es promovida por el protestantismo puritano inglés. Con esta nueva concepción el trabajo se hace más duro y por mayor número de horas, conviertiendose en explotación deshumanizada del hombre. En este contexto socioeconómico el ocio se vuelve un privilegio de la burguesía y la aristocracia.
Con el advenimiento del capitalismo se estructura el sentido moderno del trabajo, del tiempo libre y del ocio que es aproximadamente el mismo sentido del concepto romano pero con renovadas concepciones sociológicas y antropológicas de la idea de hombre sociedad y economía, y la función que le corresponde dentro de ellas al “tiempo humano” y su inversión en las actividades fundamentales de este modelo económico.
La sociología del ocio nace en los Estados Unidos y luego en Europa después de la Segunda Guerra Mundial. Puig y Trilla en la obra "La pedagogía del ocio", ya citada, sostienen que el desarrollo de este aspecto de la sociología en Europa lo debe principalmente a autores como J. Dumazedier y G. Friedmann, sin desconocer otros que les antecedieron y desde estos pensadores se desarrolla en nuestro país, como política de salud pública y educativa.
De la dialéctica entre “tiempo libre” como consumo y tiempo de trabajo para producir recursos para poder consumir, que entablaron estos sociólogos, nació la idea, que el tiempo de ocio es idóneo para desarrollar planes de acción socioculturales orientados a hacer comprender, recrear y crear cultura. La idea de hacer del ocio un tiempo de educación, suministrando con ello las bases de las políticas de educación para el uso del tiempo libre, las conocidas como la educación permanente, la animación sociocultural, la función cultural y educativa de la ciudad, la planificación y control de los espacios de ocio, tienen su origen en las teorías sociológicas del ocio. Estas políticas fundamentales para la educación y el uso del tiempo libre no se desarrollaran en este ensayo; nos centraremos en el aspecto del compromiso personal de los profesores, y la toma de conciencia de la necesidad de tener una formación humanística para ayudar a los demás y a si mismos a enfrentar el desafío de la realidad de un "espacio vacío" en el activismo de esta sociedad acelerada despersonlizada y esquizoide. La toma de consciencia hecha a partir de un análisis de la relación entre el empleo del “tiempo social” – entendiendo como tiempo social a la distribución del tiempo humano del trabajo por medio de horarios y obligaciones inevitables- y el sentido que se le da a la vida, porque esta relación tiene que ver con la productividad y el ocio.
J. Dumazedier, en su obra "Realidades del ocio e ideología" (1971), definió el ocio como un conjunto de ocupaciones a las que el individuo puede entregarse de una manera completamente voluntaria, sea para descansar, sea para divertirse, sea para desarrollar su formación desinteresada, su participación social voluntaria, tras haberse liberado de sus obligaciones laborales. Se hace a partir de las condiciones de disponer de un tiempo libre para actuar con plena libertad en busca de obtener placer y diversión de la actividad que realiza. A partir de estos mínimos se conforma la matriz de la sociología del ocio desde la que se despliega el discurso, del cual la pedagogía del ocio adopta sus bases epistemológicas y sociológicas.
El discurso de la sociología del ocio sostiene que a partir de la revolución industrial, el tiempo humano se dividió en tres lapsos: tiempo de trabajo, tiempo de no trabajo y tiempo para el ocio, los cuales conforman la vida en sí misma. El tiempo de trabajo corresponde al reino de las necesidades y como tal no requiere profundizarse por no ser discurso central y estar histórica y exhaustivamente desarrollado. El tiempo de no trabajo o tiempo libre, es abordado desde esta perspectiva, como el marco para desarrollar todas las capacidades humanas que no se desarrollan desde el trabajo, porque el tiempo de trabajo y el trabajo en sí mismo no representa plenamente la realización personal. El tiempo libre comienza a verse como el lapso temporal que se puede convertir en ocio para desarrollar las capacidades humanas que quedan por desplegar a lo largo de la vida. Gracias a la sociología, el tiempo para el ocio, es reconocido como una realidad social y adquiere una dimensión económica nueva y una concepción más positiva. Es reconocido como un tiempo para mejorar las condiciones de vida de la fuerza de trabajo.
El tiempo para el ocio está contemplado como el tiempo que queda disponible del tiempo de no trabajo, pues el tiempo de no trabajo no quiere decir siempre tiempo libre. Tiempo de no trabajo es el que queda después de realizar las obligaciones paraprofesionales, familiares, personales, religiosas y políticas. Ejemplo de una obligación paraprofesional esta el tiempo de transporte de la residencia al sitio de trabajo y del sitio de trabajo a la residencia. Obligaciones familiares como preparación de alimentos, aseo atención de los miembros de la familia. Las obligaciones religiosas, como el tiempo dedicado al culto, y las obligaciones políticas, como el tiempo dedicado a la información sobre la problemática de su entorno social. El tiempo que nos queda después de cumplir con estas actividades es el tiempo para el ocio.
Con el advenimiento de la sociedad de consumo el tiempo libre se toma como un tiempo disponible para el consumo. La Escuela de Frankfurt advierte sobre el riesgo que corre el sentido del “tiempo libre” con este enfoque mercantilista que le da la llamada "industria del ocio". Al ser una industria encarna una planificación comercial que va monopolizando las disponibilidades de tiempo de los ciudadanos, intentado encaminarlos al consumo dirigido, con el carácter de programación exterior, lo que le quitaría lo personal, que tiene de libertad, de espontaneidad y de creatividad. Este es uno de los aspectos que debe cubrir la educación para el ocio, advertir de las tergiversaciones de las actividades que se ofrecen comercialmente para cubrir este tiempo, como los tours.
Cuando nos encontramos frente a un lapso de tiempo libre muchas veces no sabemos que hacer, porque o somos analfabetos del ocio o porque nos sorprende como algo inesperado y desconcertante. Es frecuente oírle decir a los niños y jóvenes cuando están frente al tiempo libre. "Estoy aburrido", o preguntarse angustiadamente y "Qué hacémos ahora?" Este grito de aflicción y congoja surge cuando el territorio social y existencial está limitando la misma vida, con el determinismo de las costumbres, las normas y el orden común. Jean Louis Servan, en la obra “Cómo Dominar el Tiempo” dice que nos angustia el tiempo libre porque somos seres de acción y la acción la sentimos satisfactoria cuando tiene un sentido y redunda en progreso. Tiene sentido cuando esta ligada al factor externo del objetivo y los objetivos son psicológicamente necesarios para sentar las bases de nuestra satisfacción, y la fijación de objetivos se inicia con la afirmación del “yo” porque nadie puede saber que quiere si no sabe previamente quien es, esta afirmación complejiza más el entramado de las causas del miedo. Una de las respuestas debe ser un flujo de juego, como lo llama Jean Duvignaud en la obra "El juego del Juego", o sea aquello que fluye en diversas expresiones y que en variadas ocasiones se cristaliza en ética, metafísica, estética, en arte, en representaciones plásticas, manipulaciones y juego de palabras y sonidos e incluso en política, en otras palabras, evasión del principio de realidad para abandonarse en el principio de placer.
Es así como a pesar de los obstáculos que la realidad opone a la expresión lúdica, esta se materializa en un acto individual o colectivo de hacerce cargo de sí mismos, desde la conciencia de continuidad real, de combinaciones posibles distintas de las que permite el orden común plasmándose en una idea estética de representación plástica y artística, de manipulaciones de palabras y contravenciones que terminan siendo actos políticos como es el modo de responder a la inmovilidad que produce el determinismo, por parte de un sujeto que armándose de un tarro de pintura spray llena una pared de graffitis, o una mas ingenua como tirarse en un prado a descifrar formas en las nubes, etc.
Hacer un graffiti es un acto lúdico porque esta justificado por si mismo, por el simple hecho y el placer de hacerlo, además de ser un reto y como forma de expresión. Es un flujo de "juego libertino", metamorfósico y de delirio barroco como lo califica Duvignaud, refiriéndose al barroco como expresión artística con el máximo despliegue de la gratuidad que caracteriza el juego de la creatividad y la imaginación. Libertino porque cuestiona el mundo en que le tocó vivir, al que realiza esta obra transgresora; metamorfosis porque implica un cambio de forma del determinismo y de la racionalidad, impulsado por la fuerza de un deseo que modifica el mundo mágicamente a voluntad; delirio barroco porque es una práctica de la imaginación que trastorna la iconografía, en el caso del grafitero a través de la pintura en aerosol, como producto estético e ideológico porque en este acto de juego se dejan escuchar gritos de protesta de declaración o de esperanza, plasmados sobre un espacio prohibido como lo es la pared, la puerta, el muro o cualquier otra superficie. Estos actos son condenados y penalizados, podría ser peor para la sociedad si ese grupo de jóvenes que se resisten a la inmovilidad eligen realizar un acto lúdico de muerte y destrucción
De las reflexiones anteriores queda postulado que los factores determinantes y constitutivos del ocio son: el tiempo libre, la actitud del sujeto frente a él y las actividades que se realizan para configurarlo. El ocio debe ser un logro individual que se alcanza como resultado de la expresión libre, creativa y satisfactoria que están determinadas por la finalidad que adopte la persona que puede ser para descansar, para divertirse o para desarrollarse. Cuando los teóricos del ocio se refieren a la expresión "adopción voluntaria de la actitud" no se están refiriendo a la disposición de ánimo manifestada exteriormente únicamente, sino a las motivaciones psicológicas y espirituales.
La sociología aporta a la comprensión de las necesidades humanas y sociales, una clasificación en dos grandes categorías: las necesidades existenciales y las necesidades axiológicas Según la propuesta de desarrollo humano de la Fundación Dachammarskjold, en la obra “Desarrollo a escala humana”, sus reconocidos autores Manfred Max-Neef, Antonio Elizalde y Martin Hopenhayn, sostienen que a las necesidades existenciales corresponden las de: Ser, Tener, Hacer, y Estar. Dentro de las axiológicas están las necesidades de subsistencia, protección, afecto, entendimiento, participación, ocio, creación, identidad y libertad. A su vez destaca la existencia de un satisfactor para cada necesidad y establece una relación entre necesidades y satisfactores.
El ocio como categoría axiológica tiene sus correspondientes satisfactores para cada una de las categorías existenciales así: en cuanto a Ser, los satisfactores son: la curiosidad, la receptividad, la imaginación, la despreocupación, el buen humor, tranquilidad y sensualidad. En cuanto al Tener, los satisfactores son, juegos, espectáculos fiestas, tranquilidad o calma. En cuanto a Hacer los satisfactores son: divagar, abstraerse, soñar, añorar, fantasear, evocar, relajarse, divertirse y jugar. En cuanto a Estar los satisfactores son: privacidad, intimidad, espacio de encuentro, tiempo libre, ambientes y paisajes. Este planteamiento ratifica la necesidad de educar no solamente para el uso del tiempo libre sino para que este se configure en ocio, gestionando libremente actividades que proporcionen placer, satisfacción de necesidades personales de descanso y diversión como satisfactor de necesidades sociales y de desarrollo.
Al parecer los seres humanos nacemos con la disposición natural al ocio como una forma ontogenética de protección de la vida, pues durante la infancia se vive plenamente estableciendo una relación profunda y natural con el tiempo que nos hace libres para soñar, sorprenderse, olvidarse de todo para vivir el momento presente con plenitud y sentimientos intensos ya sea de alegría, pena placer o sufrimiento. Con la capacidad de vivir permanentemente el presente porque se vive en trance de contemplación; en las demás actividades sólo tenemos sucesivas tomas de conciencia cuando evaluamos lo que estamos haciendo y en los cambios de actividad porque nos permiten un corto encuentro con nuestro presente, como sucede cuando tomamos una ducha fría que nos permite tener consciencia de la temperatura de nuestro cuerpo solo en ese instante.
El hombre para satisfacer sus necesidades axiológicas y existenciales, o para mejorar las condiciones de su vida, debe mantener una interrelación productora de bienes con la naturaleza y el medio social que llamamos trabajo. Pero el trabajo no debe cubrir todo el tiempo humano ya que se debe descansar y satisfacer además otras necesidades. La afirmación "yo me divierto trabajando", debe ser motivo de atención porque quien así habla puede estar enfrentando un problema existencial o alguna disfunción que mérese ponerle atención en bien de la salud mental. El gusto y el acierto por el trabajo que se desempeña no le quita el rigor de las demandas psicológicas y físicas sobre el sujeto que lo lleva a cabo, demandas que desgastan tensionan y fatigan si no se hacen pausas para cambiar de actividad. Se puede estar frente a un caso de adicción al trabajo, la que se caracteriza porque una persona le dedica la mayor, por no decir toda la vida al trabajo, sin poder dejar de trabajar, produciendo una desatención a los demás aspectos de la vida como sus familias y entornos sociales. Estas personas están permanentemente pensando en el trabajo, continúan trabajando aún después de terminar su horario, sufren de ansiedad respecto a sus responsabilidades, no priorizan la vida personal, son competitivos, sus formas de divertirse están asociadas a su profesión, le gusta su estilo de vida y narran con satisfacción su capacidad excepcional de trabajo. Se sostiene que muchos adictos al trabajo presentaron baja autoestima en la niñez y en muchas ocasiones formaron parte de familias disfuncionales.
El tiempo de trabajo demanda una máxima obligación personal lo que hace que la persona no pueda dedicarse a ninguna otra actividad; existen actividades laborales que llevan hasta la despersonalización; en cambio en el “tiempo libre” la disponibilidad personal es máxima, somos totalmente propios, condición que nos puede poner en crisis cuando no sabemos que hacer, porque como se ha sostenido no estamos preparados para ella. Esta crisis se puede ver materializada cuando nos enfrentamos al segundo rasgo distintivo del ocio: la actitud que se adopte frente al tiempo libre. Lo deseable es que lo vivamos libremente o sea como ejercicio del poder de obrar o de no hacerlo, o de escoger. Por miedo, falta de iniciativa o engañados, generalmente dejamos que otros decidan por nosotros. Si falta la libertad positiva deja de ser ocio, no queriendo decir esta afirmación que para que exista ocio deban ser individuales y solitarias las actividades, quiere decir que su adopción independiente de sí es individual o grupal sea adoptada voluntariamente. Aquí podemos proponer una igualdad algoritmica. Ocio = T. Libre + Libertad personal.
Se ha sostenido anteriormente que una de las finalidades cuando se opta por una actividad para crear la condición de ocio, es el “desarrollo personal”. Desarrollo personal se tomará como un cambio que implica crecimiento, aprendizaje, socialización o culturización, pero no desde una perspectiva educativa ética es decir, que la intervención educativa en el tiempo libre deba necesariamente orientarse hacia la formación propuesta por un discurso, o una manera de pensar y de actuar desde una ideología que lo considera como positivo y bueno. Como ejemplo ilustrativo de las características que debe tener la actividad adoptada nos sirve el caso de quien decide aprender a interpretar un instrumento por el placer de hacerlo, sin una pretensión utilitaria, pero que sin proponérselo es satisfactoria en cuanto a resultados en las interrelaciones personales que produce. (Aceptación, reconocimiento, admiración etc.). Otra finalidad que se deriva del desarrollo personal es la estimulación cultural que se logra con los planes de acción socioculturales orientados a comprender, recrear y crear cultura que se originan en la sumatoria de individualidades disfrutando de una actividad de ocio común.
Los estudios de la sociología del ocio presentan las actividades humanas que llenan el tiempo libre, clasificadas en cuatro grupos todos con el componente físico como elemento común. Las clasificaciones a pesar de sus limitantes y excesos las aceptamos como forma apropiada de organización de las ideas:
1. Predominio de la actividad corporal (los que implican actividad física pura. Los deportes, las caminatas, la danza entre otras)
2. Actividades prácticas, que impliquen producción concreta y requieran de algún tipo de trabajo manual.(Bricolaje, jardinería trabajos manuales, artesanías)
3. Las actividades culturales, en donde están incluidas las prácticas encaminadas al desarrollo intelectual o artístico, ya sean individuales o grupales, como la literatura que hunde al hombre en el desciframiento abstracto de signos escritos colocándolo en el centro de gravedad de la conciencia literaria, como experiencia intelectual. Las de interacción, como el teatro, sumergiéndose en la práctica de la expresión dramática que tiene funciones además de artísticas catárticas, etc.) las contemplativas, como la Televisión, el cine, escuchar música, la lectura, conferencias y el teatro como espectador.
4. Las de carácter social o colectivo, caracterizadas por el dominio de las relaciones interpersonales por encima de cualquier otro aspecto. (Conversaciones, tertulias, -lo relacionado con el "plauderei"- o sea la charla desinteresada,) y el servicio a la comunidad.
Sobre la clasificación anterior es necesario advertir que basados en esta, algunas organizaciones han pedagogizado y didactizado estas actividades para proponer la llamada recreación dirigida, que es una imposición activista que desvirtúa casi todos los principios del ocio, como el de la libertad de elección de la actividad, la actitud personal frente a ella. A estos extremos se ha llegado por el interés bien intencionado de algunas entidades por desarrollar las políticas públicas, que son manejadas como aspectos de administración e inversión de recursos de los contribuyentes. Advierto que no sé está en contra de la recreación dirigida, sino sobre la pedagogización y didactismo con que se concibe y aplica. Rescatamos el concepto de re-creación como ese espacio para volver a crearse, a partir de actividades, como una acción libre como proceso lúdico, desde donde son válidas las manualidades y las artesanías, las actividades culturales, deportivas, sociales, ecológicas, donde la estrategia didáctica del taller es pertinente.
Ahora estaría bien preguntarse ¿Qué esta pasando con los jóvenes y los adultos que con complejo de culpa, desasosiego, desespero y aun miedo se enfrentan a ese lapso llamado tiempo libre? Posiblemente ven en él un espacio vacío, sin fondo, en el que caer produce ese sentimiento de inquietud causado por un peligro imaginario, además por causa de ser seres de acción, acción con sentido y el sentido ligado a los objetivos, los que determinan la satisfacción, factores que tienen que ver con el desarrollo del “yo” como se sostuvo anteriormente. Imaginario porque solamente está en la capacidad de representarse situaciones no presentes, o de encontrarse con lo desprovisto de todo, un tiempo donde para salir de él se requiere de creatividad para encontrar qué hacer. O posiblemente al carecer de una actividad, ese vacío lleve a encontrarse consigo mismo, porque obliga a pensarse a sí mismo, el ya aludido “Ser-en-el-mundo” o el simplemente existir ¿Cuál es la causa? Las razones dadas pueden ser especulaciones pero es lo que se siente desde la experiencia personal de cada uno cuando no sé esta preparado para enfrentarlo; estos sentimientos son lo que expresa la gente ante la indagación, sobre que siente cuando se enfrenta al tiempo libre, un tiempo donde no tiene nada que hacer, respuestas que pueden estar confirmando la incapacidad de utilizar adecuadamente el tiempo propio. Ese vacío puede ser llenado con algo que le dé sentido a la vida y la existencia, en el aquí y ahora como realidad del ser en el espacio y en el tiempo ("hic et nuc"). Si no se llena este vacío, se puede caer entonces en el hastío, o sea sentir repugnancia y fastidio por sí mismo y por la vida, que es la condición personal más peligrosa a la que puede llegar el ser humano.
La situación planteada anteriormente respecto de la forma como se enfrenta el tiempo libre, representa una problemática social, de ecología humana que debe ser abordado de varias maneras: terapéutica, cuando el sujeto se encuentra inmerso en él problema, los tratamientos racionales para ello están en manos de los especialistas de la conducta, de manera preventiva, función que le corresponde a la pedagogía del ocio y sus agentes los profesores, con el sentido de la pedagogía social, porque su objeto de estudio es la educabilidad del hombre y la sociedad, sin detrimento de la libertad de acción y la espontaneidad creativa, claro está. La otra manera es la voluntad personal para utilizarlo dominarlo y controlarlo, lo que esta determinado por nuestro hacer, en otras palabras la responsabilidad de nuestro destino y devenir, que está inmerso en lo que Jean Louis Servan en la obra citada llama “el tiempo social”, que es en realidad el mundo de las relaciones sociales, hecho de códigos y prácticas sociales que marcan el compás de duración de cada una de las actividades, y “el tiempo vivido” que a pesar de estar estrechamente ligado con el anterior no se debe confundir, integrado por nuestras percepciones, nuestros sentimientos y nuestra biología o cuerpo orgánico. Este tiempo se expresa en términos cualitativos no en términos cuantitativos como el social. Tiene duración diferente en cada etapa de la vida, es el tiempo de la afectividad, la creatividad, el goce, el conocimiento y la reflexión, es el que nos falta a todos realmente. En él se encuentra el nicho para desarrollar el ocio.
Educar para enfrentar el tiempo libre y convertirlo en ocio, es abordado por la pedagogía reconociendo el valor formativo de la actividad lúdica y los aspectos constitutivos de la naturaleza del juego para fundamentar la intervención educativa que lleve, a que la persona pueda ser el configurador del propio esparcimiento del espíritu y de la ocupación humana, a la elevación de la persona y de las colectividades, como una forma de autodeterminación consciente, voluntaria y responsable para vivir el tiempo disponible, no regulado rígidamente como formación humana personal y social. En otras palabras: ser el animador de sí mismo. La denominación que le da la pedagogía del ocio a las personas que desarrollan la función educativa del tiempo libre de los demás, es la de animador sociocultural pero estas personas lo hacen de manera instrumental. En el caso particular ser el animador para un ámbito personal como es el tiempo libre.
El objetivo de educar para el tiempo libre, entendido el tiempo libre como ámbito personal como “el tiempo vivido” consiste entonces en formar al sujeto para que aprenda a divertirse como una vivencia experiencia y práctica particular, autónoma, para enriquecerse a partir de actividades adoptadas desde estos dos rasgos. Divertirse entendido como creación de una nueva versión originada en la lúdica; lúdica entendida como una conducta de juego, y como una característica fundamental de los seres humanos, conducta manifiesta en el espacio individual y el espacio de las relaciones que produce. El juego como fenómeno cultural en sus distintos ámbitos de lenguaje, competición, derecho, poesía, filosofía y arte. El juego como la realización del acto lúdico en el terreno del denominado "erotismo lúdico", según Jean Duvignaud en la obra citada "El juego del juego", expresado como la búsqueda del placer, el juego con el cuerpo experimentado como el eros, la ternura, el amor y el placer, como prolongación de la vida psíquica y mental. Lúdica en toda la extensión y significado de las acepciones siguientes: Lúdus entendido como juego, diversión, pasatiempo, campo donde se ejercitan las fuerzas del cuerpo y del ingenio; Lares lúdentes, como las formas de danza, la fiesta como el éxtasis que produce el estallido súbito que rompe con los modelos culturales establecidos; Lúdico o Lúdo o sea actividad de juego que produce placer, entendido como jugar, divertirse, ánimo desatado o libre de cuidados; Locus o sea chiste, la broma. En este origen etimológico según Jean Duvignaud, en la obra citada se encuentra plauderei o sea la charla, la fascinación colectiva ejercida por la metáfora del "como sí", la convivilidad de la palabra intercambiada al margen del trabajo, de la política o la religión, conformando la especulación lúdica uno de los isomorfismos del juego presente en todas las civilizaciones y culturas, en la que sin proponérselo se originan las bases de la filosofía, la política y la literatura, expresiones fundamentales de la cultura.
¿Cómo contribuir a la creación de esta vivencia personal?. Se puede considerar como requisito primordial ser un disfrutador del tiempo libre, que encuentre sosiego y diversión en ello, que no sienta complejo de culpa, desespero, inutilidad o miedo. Como se dice en lenguaje coloquial "ser un gozón", en un sentido positivo de la expresión. Deshaciéndose del discurso semiologico crítico que solo trata de eliminar, o al menos ocultar lo que le aterra de lo lúdico, lo que aterra es la invasión de la existencia bajo la divagación, el ensueño o la ensoñación, la convivialidad de la palabra, la fiesta, las especulaciones de lo imaginario, porque distrae momentáneamente el cuerpo de su utilidad y de su función sostiene Duvignaud en la obra citada. El ensueño y la ensoñación son vistos por el discurso de la productividad como algo no deseable porque propone una descomposición del ser fuera del tiempo y del espacio, en representaciones fantásticas, soñando despierto que es una forma sana de fuga y evasión. Solamente cuando se está seguro de no padecer de estas prevenciones y prejuicios puede una persona convertirse en pedagogo del ocio, solamente en este estado puede llegar a ser ejemplo de prácticas de divertimento, descanso y sosiego y de desarrollo personal.
Es necesario además tener claros los factores constitutivos y determinantes del ocio como es el "tiempo libre" para hacerlo objeto pedagógico en el ámbito temporal de la educación, donde se busca formar a la persona para que lo utilice de dos formas: en actividades ajenas o diferentes al ocio, las que a pesar de tener algunas características de este como ser voluntarias, producir placér y crear espacios de creatividad y esparcimiento, tienen como objetivo adicional el lucro. Son las conocidas como capacitación en actividades diferentes a la profesión u oficio. Ejemplo cursos para aprender actividades para satisfacer necesidades de su vida: culinaria, confecciones, marquetería, juguetería, etc. Y la llamada "educación para el tiempo libre", donde el tiempo libre es considerado objetivo educativo enfocándolo hacia el ocio, donde el tiempo forma parte del ámbito educativo pero dirigido a desarrollar actividades y destrezas socioculturales para compartir este tiempo como diversión, desarrollo personal y de descanso, y no como aprendizajes funcionales. Ej clubes, ludotecas, tertulias, u otras como son los hobbys y el "do it yourself ", o sea él "hágalo usted mismo"
La educación para el ocio desde la perspectiva antropológica expuesta en este documento deja un buen numero de argumentos que nos ayudan a reconocerla como contribuyente con el proceso de perfeccionamiento integral de la personalidad, como una variable novedosa hacia la construcción de lo humano que como consecuencia contribuye con el desarrollo del ideal de hombre, sociedad y cultura propuesto desde la Constitución Nacional y las políticas de educación; porque el dejar fluir lo lúdico contribuye con el desarrollo de uno de los saberes propuestos para la educación del futuro por Edgard Morin, como es él “aprender a ser”.
El juego y lo lúdico sin duda es fuente de perfeccionamiento humano porque desarrolla sus distintas dimensiones y áreas de la personalidad, lo que se debe concretar en progreso humano especialmente en la formación de la “conciencia ética” o sea la capacidad de juicio para actuar, y como “estimulación cultural” que es el mismo fluir de la vida porque “la cultura es lo que somos” dice la conocida frase, porque comprende las formas de pensar, sentir y actuar elementos antropológicos que conforman el conjunto de redes de significado que contienen lo que somos como seres sociales y culturales.
DEDUCCIONES.
( no conclusiones, porque concluir indica, o que nos hemos cansado de pensar, o que el tema se agotó)
Con los argumentos anteriores no se pretende hacer una apología a la improductividad, a la vagancia, a la dejadez y la irresponsabilidad personal y social, sino por el contrario un llamado a la responsabilidad con el desarrollo humano desde la satisfacción de las necesidades y demandas sociales del mejoramiento de la condición humana, la salud mental, la recuperación de la capacidad de trabajo y el perfeccionamiento de la personalidad, asumiendo con una actitud de gratuidad, actividades que ocupen el tiempo libre para obtener placer, descanso y desarrollo, satisfaciendo las necesidades humanas existenciales de ser, tener, hacer y estar, y las axiológicas de ocio con el mismo nivel de importancia de otros como la subsistencia, protección, afecto, participación, creación identidad y libertad.
Para poder llegar a las deducciones de carácter pedagógico, partamos de una pregunta fundamental: ¿Siente ud que la actividad que desarrolla en el tiempo libre le da sentido a su vida y le ayuda a crecer?
Si su respuesta es "no" estamos ante un problema personal de analfabetismo del ocio. Debe revisar primero su historia familiar respecto a las actitudes frente al tiempo libre, identificar las formas de ocupación del tiempo libre que se practicaban en la infancia, las opiniones y concepciones que se manejaban respecto a palabras como ocio y tiempo libre, en un proceso de re-creación paradigmatico y actitudinal personal; pues posiblemente existan remanentes del puritanismo religioso de tiempos remotos, en su forma de ver, concebir y vivir la vida.
De la etapa escolar revisar si se le ofreció educación para desarrollar la dimensión lúdica y estética y qué enfoque se le dio a la educación física. Si su educación estuvo encaminada a satisfacer más al reino de la necesidad que de la libertad, es posible que no solamente deba revaluar sus paradigmas sociales y culturales, sino que esté en incapacidad de educar a otros para el uso del tiempo libre y la autogestión del ocio, por ser incapaz de hacerlo consigo mismo.
La revisión del lenguaje es en primera instancia lo que se debe abordar para producir el cambio. Si usa expresiones que consideran negativo el juego, o sobrevalorativas del trabajo respecto al tiempo libre, o las frases, como "el tiempo es oro” “el tiempo perdido los santos lo lloran" indican que debe hacer una reprogramación neurolingüística, como dicen los psicólogos que trabajan esta forma de terapia. Jean Louis Servan, en la obra citada “Cómo dominar el tiempo”, sostiene que el tiempo es más que oro, “es vida” y que por lo tanto debemos cambiar la frase “el tiempo es oro” por “el tiempo es vida”, puesto que la primera embia al subconsciente mensajes que atentan contra la eficiencia, la serenidad y no nos permite llegar a la sabiduría; y porque los usos del tiempo tienen una influencia decisiva sobre nuestro funcionamiento social y orgánico. Nos advierte también sobre las pistas falsas que tiene la cultura sobre el tiempo como “ganar o perder tiempo” es contrario a la verdad, pues el tiempo es inmodificable, lo único que se puede hacer es cambiar nuestra actitud frente a él; usarlo bien o mal conduce a dominar el tiempo que es lo mismo que dominarse uno mismo. Otra pista falsa esta inmersa en las expresiones “Me falta tiempo”, o” no me alcanza el tiempo”; el tiempo es un recurso no renovable por lo tanto el meollo del asunto esta en como lo habita cada cual. Se puede habitar de dos maneras: Reguladamente como lo determinan los hábitos sociales de los horarios, o sobrecargadamente cuando aceptamos las exigencias de mayor rendimiento y productividad dentro de un tiempo único e igual.
Se requiere emprender una acción educativa propedéutica frente a formas de ocio educativamente desvalorizadas porque ocupan masivamente el tiempo libre en actividades consumistas, pasivas, individualistas, masificadas, estandarizados y uniformes, manipuladoras, poco creativas, alienantes y banales para resignificar la dimensión lúdica, sin la cual no se podrán originar los cambios. Esto tiene que ver también con la relación entre el empleo del tiempo y el sentido que se le da a la vida; meditamos mas sobre el empleo del dinero que sobre el de nuestro tiempo propio. Cuando se ha ganado tiempo libre y el trabajo produce dinero suficiente para algo más que la satisfacción de nuestras necesidades básicas gastamos el tiempo en el consumo en vez del ocio. Los deseos los volvemos consumo.
Se requiere un examen de los paradigmas educacionales en cuanto a las relaciones de poder entre los distintos estamentos escolares; los conceptos de disciplina, autonomía, las normas de convivencia que maneja en su practica profesional, porque trabajar en el desarrollo de la dimensión lúdica, esta entendido en los lineamientos curriculares de la educación física, como recorrer el camino del gozo, la diversión, pasatiempo e ingenio; como espacio de expresión y socialización, como experiencia de acuerdo y aprendizaje de reglas construidas y aceptadas por los participantes; como símbolos y representaciones de realidades individuales y sociales; como tiempo de acción en otras realidades, como terreno de la imaginación y la fantasía; como desafío a la racionalidad; como posibilidad para la crítica, la ironía fina; en fin, como lugar de experiencia y creatividad"; Condiciones que chocarían con el autoritarismo, las jerarquías, las tiranías soportadas en la autoridad burocrática y del llamado respeto a los mayores, por el circunstancial hecho de ser mayores, o porque el reglamento así lo dice.
Merece particular atención la expresión "creatividad" muy recurrente en el lenguaje de la pedagogía. La negación de lo lúdico en aras de los principios del orden, el respeto a las normas impuestas, la autoridad y las jerarquías, y la preparación para la productividad, el rendimiento y el éxito, la promoción de lo útil, contradice el ideal de la promoción de la creatividad que pregona el discurso pedagógico, porque las sociedades y las culturas sustentadas totalmente en la racionalidad y la lógica, estancan lo nuevo y lo confinan al olvido al silencio porque no responde con perspectivas de rentabilidad a la pregunta fundamental que promueve la cultura capitalista de: ¿Es útil,? ¿Para qué sirve?.
La creatividad se da en el espacio-tiempo en que el hombre dispone libremente de sí mismo, pues es el único lugar en que se puede anticipar "a lo que aun no es"; Según el psicoanalista D. Winnicott el juego es la intersección del mundo exterior con el interior, la mitad del camino entre ilusión y realidad y jugando con las cosas cotidianas el niño se abre a la experiencia de la vida, es en ese intervalo donde se genera en el niño la capacidad infinita de juego, capacidad que sólo conservan como adultos, los llamados adeptos a las "profesiones delirantes" que son los hombres y mujeres que se entregan a la práctica de lo imaginario, o sea los artistas. Jean Luis Servan en la obra citada, “Cómo dominar el tiempo”, sostiene que el ritmo del tiempo se da en tres formas: El “tiempo natural”, también llamado cósmico, es el que determina el sistema solar, nada que hacer para cambiarlo; “el tiempo social” o sea el de las relaciones interpersonales, construido de códigos y prácticas que marcan el compás y la duración de nuestras actividades y “el tiempo vivido” integrado por nuestras percepciones, nuestros sentimientos y nuestra biología, es el más real y tiene que ver con el ocio y la creatividad, por lo tanto es conveniente valorarlo y reflexionarlo con más profundidad.
Revisar también los paradigmas pedagógicos relacionados con lo que se entiende por "desarrollo integral humano", porque si se sigue considerando que las áreas y asignaturas de dominio cognoscitivo no tocan lo comunicativo, ético, estético y la dimensión corporal, o por el contrario que el área o asignatura es de dominio corporal no toca las demás dimensiones, estamos imposibilitados para educar para el ocio, por incapacidad de comprender al ser humano como una integralidad.
La lúdica no se circunscribe solamente a la clase de educación física y de pronto a la de artes. La lúdica se debe asumir como profunda comprensión sobre el significado y la diversidad del juego en todas las dimensiones de la vida del hombre en donde adquieren formas de expresión que representan aspectos particulares de la cultura.
La lúdica es una manera de darle sentido y significación al juego y transformar en juego distintas realidades de la existencia. Por ello la lúdica no se debe circunscribir a espacios limitados de la escuela o del tiempo libre sino que se proyecta a distintos espacios de la existencia, incluyendo el erotismo y la autoestima que es la base de la seguridad y la confianza en uno mismo, de conocimiento personal y la aceptación de la realidad personal. Por estas razones y otras más la lúdica a adquirido la categoría de dimensión del ser humano.
Una mirada a los principios generales del ocio propuestos por los autores Puig y Trilla en la obra "La pedagogía del ocio", nos lleva a pensar que la escuela con su estructura contemporánea no podrá ofrecer espacios lúdicos, porque lo primero que coarta es la libertad individual, la autonomía para adoptar las actividades porque se mueve en los paradigmas pedagógicos de formar para la satisfacción de las necesidades productivas y del respeto a las normas y la autoridad de manera impositiva, al desarrollo de áreas fundamentales, a los rituales y últimamente a las competencias básicas; restringiendo mayormente la libertad para formar al ser humano según sus necesidades más sentidas. La educación conspira contra un buen conocimiento del propio horizonte temporal que es esencial para el dominio del tiempo, porque prioriza la ampliación del horizonte hacia el futuro y no para el dominio del tiempo presente, donde puede aparecer el tiempo libre. Por esa razón la formación para el ocio debe ser una acción educadora adoptada personalmente por cada educador desde su cátedra amparado en la libertad de este espacio, como dominio propio.
En la formación personal del educador se requiere desarrollar la convicción de que para que una actividad sea lúdica:
- 1. Es conveniente eliminar de nuestra manera de pensar, la polarización que produce la exaltación de los tiempos de trabajo sobre los tiempos de ocio. Lo conveniente es considerarlos recíprocos porque satisfacen necesidades humanas.
- 2. Es necesario tener claro que la formación para el ocio requiere una acción institucional conjunta familia: escuela medios de comunicación, comunidad y estado.
- 3. Tener respeto de la autonomía en la elección de las actividades, sin imponerlas estrictamente planificadas.
- 4. Hacer compatible diversión, creación y aprendizaje como satisfactores personales gratificantes.
- 5. Profesar un profundo respeto a la contemplación como acción pura, entendido como el enaltecimiento de las actividades gratuitas de pura complacencia y absorción en el mirar por largo tiempo lo que satisfaga el espíritu, en razón de que el tiempo libre es un derecho de cada cual a no hacer nada, y que puede ser incluso una terapia al permitir encontrarse consigo mismo.
- 6. Potenciar el placer en lo cotidiano, teniendo en cuenta que el conjunto de pequeñas actividades cotidianas necesarias pueden producir o tener un contenido placentero, dependiendo de la disposición de ánimo manifestada exteriormente.
- 7. Promover la posibilidad de lo extraordinario, esto quiere decir que se debe alentar la acción creadora, la incertidumbre, la imprevisibilidad, la sorpresa, en otras palabras propiciar el acto que se salga de lo conocido y lleve a la aventura y a la incertidumbre del futuro.
- 8. Prevención de la adopción de formas de ocio nocivas, otorgando elementos para poder valorar cuando una actividad no ayuda al crecimiento personal y al desarrollo humano.
La educación para el ocio debe enseñar a dominar el tiempo, pero no el tiempo del pasado o del futuro sino el tiempo presente, el tiempo vivido. Esto es posible desde la energía que cada cual este dispuesto a imprimirle a la transformación, la que exige tener conciencia de la acción. Se requiere motivación y disciplina para adelantarnos mentalmente al tiempo para prever que voy hacer mañana, desear, decir convencido voy a dedicarme a ... y prepararse para transformar en acción ese, voy a actuar en tal sentido.
Se puede considerar como ganancia si estas reflexiones nos permiten al menos no obstaculizar la evolución y el surgimiento espontáneo del ocio, que se da como consecuencia del fluir natural de la dimensión lúdica que tiene el niño como manifestación de su inteligencia corporal y que los adultos nos empeñamos en aplastar de manera consciente o inconsciente con los prejuicios repetidos de generación en generación sin pasarlos por un juicio valorativo actualizado. El trabajo dignifica, sostiene la sabiduría popular pero otro tanto hace el ocio.
Bibliografía:
- La pedagogía del ocio, Josep Mª Puig Rovira y Jaume Trilla.
- El juego del juego, Jean Duvignad Fondo de cultura económica. 1997.
- Realidades del ocio e ideología , J.Dumazedier, 1971
- Desarrollo a escala humana. Fundación Dachammerskjold.
- Lineamientos curriculares. Educación Física Recreación y Deportes. Documento Ministerio de Educación Nacional. Edit. Magisterio Bogotá 2000.
- Cómo dominar el tiempo. Jean Luis Servan Schreiber. Circulo de lectores 1987.
- Los Siete Saberes Necesarios para la Educación del Futuro. Edgar Morin. Colección mesa redonda editorial Magisterio, 2001.
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